jueves 5 de noviembre de 2009
miércoles 4 de noviembre de 2009
Güejar Sierra.
Aprovechando el puente que los difuntos nos brindan en los comienzos de este otoño tardío hemos estado en Güejar Sierra, dicho de forma fina, o en "Gueah", dicho de forma mucho más coloquial (¡Pedro, va por tí!).
Hemos tenido tiempo de pasear junto al río (a algunos más que pasear los transportaron) disfrutando de los colores espectaculares de los árboles.


Fuimos también a la Fuente de los 16 caños, por el camino vimos ovejas, cabras, un caballo y muchos perros.Aquí íbamos a "dar un paseico" después de comer en verano, es decir, a media tarde, porque hace mucho fresquito y el agua está muy rica, lo malo es que la fuentecilla está en el barrio alto, y ya sabeis que en los pueblos los nombres los ponen por algo, y este caso no es una excepción, con lo que todo el camino es cuesta arriba, asi que el resultado final, al menos para mi, era que al llegar ya tenía el almuerzo o la merienda más que rebotados y ningunas ganas de hacer la gracia de beber de todos los caños.
Lo bueno era que la vuelta era cuesta abajo y antes, porque ya los han quitado las nuevas casas, había un montón de zarzales de los que coger moras.
Rafa y yo fuimos, además, como dos campeones empujando el carrito del sobrino y tirando de Azuky, que está hecha una floja.
Esto es "El practicante", tienda para todo en el pueblo, si se pregunta por algo, seguro que lo tienen, y si no ellos te lo traen. Sigue exactamente igual que cuando yo era pequeña, allí iba a comprar desde libretas y lápices, hasta huevos o una aguja de ganchillo.
(La foto es de este verano, un día que estuve con Carlos).
Son muchos los recuerdos al salir por el pueblo, de las interminables tardes de verano esperando un descuido de nuestros padres para salir a jugar en el pilar que hay justo al lado de la casa de mi abuela, de mi abuelo que se empeñaba en que fuese a por agua a otra fuente que había más lejos, con mi consiguiente enfado,porque estaba mucho más rica,decía él, a mi las dos me sabían (y me saben) exactamente igual; la tienda de chuches "La Manolica" en la plaza del pueblo, con cinco duros me tenían entretenida media tarde que era lo que tardaba yo en ir, venir y comerme las chuches (bueno, en esto último tardaba menos) y , como no, mi querida acequia de detrás de la casa de mi abuela, que merece mención aparte.
Encajada entre el muro de la casa y el muro de un terraplen, había que avanzar sobre la acequia poniendo un pie en cada filillo con cuidado de no mojarse durante cuatro o cinco metros, entonces se ensanchaba y se habría un ensanche de cemento de un metro y medio cuadrado, que a la izquierda tenía la acequia junto al muro alto y con una enredadera, y a la derecha una ventana de la casa de mi abuela, con lo que era el rincón perfecto para jugar las cocinitas o a la peluquería con las muñecas.
La acequia ya ha perdido su encanto porque han construido más casas detrás, y no he querido volver a asomarme,prefiero recordarla como la veía entonces cuando era niña, los recuerdos infantiles tienen algo especial y mágico.
Hemos tenido tiempo de pasear junto al río (a algunos más que pasear los transportaron) disfrutando de los colores espectaculares de los árboles.


Fuimos también a la Fuente de los 16 caños, por el camino vimos ovejas, cabras, un caballo y muchos perros.Aquí íbamos a "dar un paseico" después de comer en verano, es decir, a media tarde, porque hace mucho fresquito y el agua está muy rica, lo malo es que la fuentecilla está en el barrio alto, y ya sabeis que en los pueblos los nombres los ponen por algo, y este caso no es una excepción, con lo que todo el camino es cuesta arriba, asi que el resultado final, al menos para mi, era que al llegar ya tenía el almuerzo o la merienda más que rebotados y ningunas ganas de hacer la gracia de beber de todos los caños.Lo bueno era que la vuelta era cuesta abajo y antes, porque ya los han quitado las nuevas casas, había un montón de zarzales de los que coger moras.
Rafa y yo fuimos, además, como dos campeones empujando el carrito del sobrino y tirando de Azuky, que está hecha una floja.
Esto es "El practicante", tienda para todo en el pueblo, si se pregunta por algo, seguro que lo tienen, y si no ellos te lo traen. Sigue exactamente igual que cuando yo era pequeña, allí iba a comprar desde libretas y lápices, hasta huevos o una aguja de ganchillo.(La foto es de este verano, un día que estuve con Carlos).
Son muchos los recuerdos al salir por el pueblo, de las interminables tardes de verano esperando un descuido de nuestros padres para salir a jugar en el pilar que hay justo al lado de la casa de mi abuela, de mi abuelo que se empeñaba en que fuese a por agua a otra fuente que había más lejos, con mi consiguiente enfado,porque estaba mucho más rica,decía él, a mi las dos me sabían (y me saben) exactamente igual; la tienda de chuches "La Manolica" en la plaza del pueblo, con cinco duros me tenían entretenida media tarde que era lo que tardaba yo en ir, venir y comerme las chuches (bueno, en esto último tardaba menos) y , como no, mi querida acequia de detrás de la casa de mi abuela, que merece mención aparte.Encajada entre el muro de la casa y el muro de un terraplen, había que avanzar sobre la acequia poniendo un pie en cada filillo con cuidado de no mojarse durante cuatro o cinco metros, entonces se ensanchaba y se habría un ensanche de cemento de un metro y medio cuadrado, que a la izquierda tenía la acequia junto al muro alto y con una enredadera, y a la derecha una ventana de la casa de mi abuela, con lo que era el rincón perfecto para jugar las cocinitas o a la peluquería con las muñecas.
La acequia ya ha perdido su encanto porque han construido más casas detrás, y no he querido volver a asomarme,prefiero recordarla como la veía entonces cuando era niña, los recuerdos infantiles tienen algo especial y mágico.
martes 27 de octubre de 2009
Hacienda deberíamos ser todos.
Al hilo de la subida de impuestos ya anunciada para el año 2010 y más que debatida en todos los medios de comunicación aprovecho para escribir un poco sobre el tema. No me pronuncio sobre ella, otro dia cuando lea algo más lo haré.
Deberíamos pagar impuestos con alegría, saber que si estamos pagándolos es porque tenemos la suerte de poder pagarlos, y que esta contribución obligatoria no persigue más que nuestro propio bienestar, personal y social, ya que si la sociedad que nos rodea y nuestro entorno mejoran nosotros mejoramos.
Somos egoistas hasta el aburrimiento, y no nos enteramos de que hacienda no es un extraño, somos realmente todos, igual que la seguridad social, y que si no se usase ese dinero para proveernos de todos los servicios que vemos tan naturales (hospitales, carreteras, internet y luz en el ricón más alejado de la alpujarra...) nadie lo haría , y la mayoría no podríamos pagarlo.
Por eso me molesta tanto que se aplauda culturalmente al que defrauda a hacienda o al que solicita ayudas sin necesitarlas de verdad porque busca sin cesar el recoveco por el que colar su "derecho". Dejemos de aplaudir a los tramposos que lo único que hacen es quitar recursos a otros que pueden necesitarlos, y digamos en voz alta que nos molesta.
A mi me molesta, porque yo, pobre idiota que cree en el principio de la solidaridad y de que no todos nacemos con las mismas oportunidades, pago contenta mis impuestos para que los que tuvieron menos suerte que yo cuenten con una oportunidad, y porque esta pobre idiota es también egoista y quiere disfrutar de tantas cosas que solo con su trabajo no podría pagarse.
Por eso reivindico un uso justo de ellos, y que nadie se aproveche de lo que al fin y al cabo es de todos y para todos.
Deberíamos pagar impuestos con alegría, saber que si estamos pagándolos es porque tenemos la suerte de poder pagarlos, y que esta contribución obligatoria no persigue más que nuestro propio bienestar, personal y social, ya que si la sociedad que nos rodea y nuestro entorno mejoran nosotros mejoramos.
Somos egoistas hasta el aburrimiento, y no nos enteramos de que hacienda no es un extraño, somos realmente todos, igual que la seguridad social, y que si no se usase ese dinero para proveernos de todos los servicios que vemos tan naturales (hospitales, carreteras, internet y luz en el ricón más alejado de la alpujarra...) nadie lo haría , y la mayoría no podríamos pagarlo.
Por eso me molesta tanto que se aplauda culturalmente al que defrauda a hacienda o al que solicita ayudas sin necesitarlas de verdad porque busca sin cesar el recoveco por el que colar su "derecho". Dejemos de aplaudir a los tramposos que lo único que hacen es quitar recursos a otros que pueden necesitarlos, y digamos en voz alta que nos molesta.
A mi me molesta, porque yo, pobre idiota que cree en el principio de la solidaridad y de que no todos nacemos con las mismas oportunidades, pago contenta mis impuestos para que los que tuvieron menos suerte que yo cuenten con una oportunidad, y porque esta pobre idiota es también egoista y quiere disfrutar de tantas cosas que solo con su trabajo no podría pagarse.
Por eso reivindico un uso justo de ellos, y que nadie se aproveche de lo que al fin y al cabo es de todos y para todos.
viernes 16 de octubre de 2009
Compasión selectiva.
Volviamos ayer del trabajo, llegamos a casa y aparcamos en la calle de al lado, no había sitio en la nuestra. Al bajarnos del coche escuché a Rafa hablando solo y mirándose los pies, "pues si que le ha sentado mal el día", pensé yo, "¡habla con sus pies!", pero al acercarme vi que en el suelo una perrita pequeña, blanca, con la misma cara de Azuky, un collar rosa estropeado y un montón de bichos se deshacia en fiestas hacia Rafa.
Miramos en derredor esperando encontrar alguien gritando desesperadamente el nombre de su mascota, pero la calle estaba desierta (jueves a las cuatro de la tarde: lógico). Ya nos lo esperábamos, las pulgas de la perra no nos habían dado ninguna esperanza desde el principio, uno tiene perro, de acuerdo, pero perro y pulgas... ya son demasiadas criaturas para un solo hogar.
Empezamos a andar hacia casa, como el que no quiere la cosa, esperando infructuosamente que la perrilla no nos siguiera, con lo que al llegar a la puerta entramos los tres, subimos las escaleras, saludamos a Azuky, que quedó encantada con la nueva compañía, y no nos quedó más remedio que ponerle a la recién llegada algo de comer y beber, como hacen los anfitriones educados, porque la visita, menos educada, se había avalanzado sobre el comedero de la perra inocente de dos post atrás.
Pues nada, pensamos, otra vez al veterinario, y otra vez a cruzar los dedos para que tenga chip, porque mira que la perrilla es bonica, y pequeña, y con unos ocho meses están tan lindos...
Rafa y Azuky fueron a dar su habitual paseo de mediodía, la nueva visita los acompañó (iba echando modales, se veia buena intención) , y a la vuelta se econtraron a dos mujeres y una niña buscando "una perrilla blanca y pequeña".
Salí al escuchar las voces, "¡los dueños, que alivio!" pensé, "aunque ya les vale, tener a la perra tan mugrienta...".
Pero no, eran las vecinas del final de la calle,una de ellas había visto a la perra esta mañana, le había seguido andando desde la rotonda de armilla, y una de ellas estaba pensado quedársela.
Al final, tras media hora de análisis del animalito y bastantes ánimos por parte de los demás la perrilla tuvo nueva casa. Eso sí , con amenaza de devolución si no le convencía, devolución .... a nuestra casa, pero sabemos que se la quedará.
Toda esta historia me hizo pensar en lo crueles que somos los seres humanos.
Primero, por acoger en casa a un ser tan indefenso como un cachorro para luego abandonarlo como parece a todas luces ser el caso.
Segundo porque un animal abandonado nos produce a casi todos una primera reacción de compasión y solidaridad universal que rara vez mostramos hacia nuestros congéneres al primer impulso. Ante el que nos pide algo en la calle (comida, dinero, un cigarro, un vaso de vino...) o ante las innumerables formas de sufrimiento de las que somos conscientes cada día y por las que poco hacemos para que se solucionen.
Nos escudamos en pretextos (es para beber, es un vago, algo habrá hecho para estar así,...), yo la primera, que no tienen justificación ninguna.
Ayudar sinceramente no puede ir precedido de un juicio parcial,viciado y basado en una primera impresión, pero lo hacemos.
Me quedó una sensación agridulce en la boca toda la tarde al recordar como yo misma he negado tantas veces a mis iguales lo que estaba dispuesta a ofrecer sin pensarlo a una perrilla.
Ronronea en el fondo de mi conciencia,y me recuerda que no debo sentirme por recogerla mucho mejor que aquellos que la abandonaron, porque indirectamente, al no actuar, yo abandono a otros como yo a su desdicha, ya que han perdido toda su suerte.
PD: dicen que el premio planeta cuenta la historia de una inmigrante que llega a España desde Cabo Verde, y de todas sus penurias. No creo en la calidad de los premios planeta, pero la autora era periodista respetada de RTVE, y la historia parece interesante. Tal vez haya que darle una oportunidad.
Miramos en derredor esperando encontrar alguien gritando desesperadamente el nombre de su mascota, pero la calle estaba desierta (jueves a las cuatro de la tarde: lógico). Ya nos lo esperábamos, las pulgas de la perra no nos habían dado ninguna esperanza desde el principio, uno tiene perro, de acuerdo, pero perro y pulgas... ya son demasiadas criaturas para un solo hogar.
Empezamos a andar hacia casa, como el que no quiere la cosa, esperando infructuosamente que la perrilla no nos siguiera, con lo que al llegar a la puerta entramos los tres, subimos las escaleras, saludamos a Azuky, que quedó encantada con la nueva compañía, y no nos quedó más remedio que ponerle a la recién llegada algo de comer y beber, como hacen los anfitriones educados, porque la visita, menos educada, se había avalanzado sobre el comedero de la perra inocente de dos post atrás.
Pues nada, pensamos, otra vez al veterinario, y otra vez a cruzar los dedos para que tenga chip, porque mira que la perrilla es bonica, y pequeña, y con unos ocho meses están tan lindos...
Rafa y Azuky fueron a dar su habitual paseo de mediodía, la nueva visita los acompañó (iba echando modales, se veia buena intención) , y a la vuelta se econtraron a dos mujeres y una niña buscando "una perrilla blanca y pequeña".
Salí al escuchar las voces, "¡los dueños, que alivio!" pensé, "aunque ya les vale, tener a la perra tan mugrienta...".
Pero no, eran las vecinas del final de la calle,una de ellas había visto a la perra esta mañana, le había seguido andando desde la rotonda de armilla, y una de ellas estaba pensado quedársela.
Al final, tras media hora de análisis del animalito y bastantes ánimos por parte de los demás la perrilla tuvo nueva casa. Eso sí , con amenaza de devolución si no le convencía, devolución .... a nuestra casa, pero sabemos que se la quedará.
Toda esta historia me hizo pensar en lo crueles que somos los seres humanos.
Primero, por acoger en casa a un ser tan indefenso como un cachorro para luego abandonarlo como parece a todas luces ser el caso.
Segundo porque un animal abandonado nos produce a casi todos una primera reacción de compasión y solidaridad universal que rara vez mostramos hacia nuestros congéneres al primer impulso. Ante el que nos pide algo en la calle (comida, dinero, un cigarro, un vaso de vino...) o ante las innumerables formas de sufrimiento de las que somos conscientes cada día y por las que poco hacemos para que se solucionen.
Nos escudamos en pretextos (es para beber, es un vago, algo habrá hecho para estar así,...), yo la primera, que no tienen justificación ninguna.
Ayudar sinceramente no puede ir precedido de un juicio parcial,viciado y basado en una primera impresión, pero lo hacemos.
Me quedó una sensación agridulce en la boca toda la tarde al recordar como yo misma he negado tantas veces a mis iguales lo que estaba dispuesta a ofrecer sin pensarlo a una perrilla.
Ronronea en el fondo de mi conciencia,y me recuerda que no debo sentirme por recogerla mucho mejor que aquellos que la abandonaron, porque indirectamente, al no actuar, yo abandono a otros como yo a su desdicha, ya que han perdido toda su suerte.
PD: dicen que el premio planeta cuenta la historia de una inmigrante que llega a España desde Cabo Verde, y de todas sus penurias. No creo en la calidad de los premios planeta, pero la autora era periodista respetada de RTVE, y la historia parece interesante. Tal vez haya que darle una oportunidad.
lunes 12 de octubre de 2009
Un año con Pablo.
El tiempo pasa rápido cuando se es feliz; casi sin darnos cuenta ayer hizo un año que somos titos, asi que:


Está ahí sentado como si la cosa no fuera con él, su trozo de pan apretado en la mano, que es lo que de verdad le interesa, sin entender a que viene tanto revuelo y de dónde sale esa manía repentina de los grandes porque le sople a lo que tiene toda la pinta de ser comida.
Tú aún no lo sabes, no puedes desearlo, pero todos los que te queremos lo hacemos por tí, y eso si que lo entiendes bien, la alegría, el cariño, el día de fiesta... se reflejan en tu sonrisa que es lo que nos hace felices a nosotros:

Está ahí sentado como si la cosa no fuera con él, su trozo de pan apretado en la mano, que es lo que de verdad le interesa, sin entender a que viene tanto revuelo y de dónde sale esa manía repentina de los grandes porque le sople a lo que tiene toda la pinta de ser comida.
Tú aún no lo sabes, no puedes desearlo, pero todos los que te queremos lo hacemos por tí, y eso si que lo entiendes bien, la alegría, el cariño, el día de fiesta... se reflejan en tu sonrisa que es lo que nos hace felices a nosotros:
¡Por muchos cumpleaños más!
miércoles 7 de octubre de 2009
Los "Apache" en las fiestas armilleras.
El pasado 27 de septiembre Rafa y yo estuvimos viendo a Apache que tocaron en las fiestas de Armilla, que, lo que son las cosas, estaban aquí al lado de la casa, mucho más cerca que las de Churriana que fueron un poco antes.
Música de los 70,80 y 90, tocada con muchas ganas. Rafa conocía todas las canciones, yo alguna que otra,y aproveché para aprender muchas nuevas, porque además nos hicieron cantar varias veces.

Música de los 70,80 y 90, tocada con muchas ganas. Rafa conocía todas las canciones, yo alguna que otra,y aproveché para aprender muchas nuevas, porque además nos hicieron cantar varias veces.

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